Este domingo 25 de octubre se celebra el Día de la Pasta a nivel internacional y la Argentina es uno de esos sitios que, gracias a las oleadas inmigratorias de Italia de los siglos XIX y XX, adoptó este plato como propio. En Buenos Aires existe un lugar ideal para degustar unos ricos mezzaluna, fettuccine o fussiloni al dente, con productos traídos específicamente de la nación europea para que el paladar de los comensales sienta el verdadero sabor mediterráneo. Se trata de D’Oro Italian Bar y, en diálogo con LA NACION, sus dueños hicieron un recuento histórico de cómo nació el local en 1999 a las puertas de la peor crisis económica de nuestro país.

Entre 1989 y 1996, los hermanos Claudio y Norberto D’oro (hijos de italianos) se formaron en gastronomía en Roma. Al regresar a la Argentina, fundaron un restaurante llamado Gino (en honor al apodo de su padre). Aunque carecían de experiencia en gestión, la escuela italiana les aportó un enfoque de alta calidad, dinamismo y respeto por las recetas tradicionales. Fue un “éxito innovador” que introdujo productos y recetas tradicionales actualizadas.

D'Oro Italian Bar abrió en 1999 después de una apuesta jugada por Claudio y Norberto D'Oro

A los tres años, capitalizando la experiencia de Gino, adquirieron el local actual de D’oro, que abrió en 1999 en Buenos Aires, financiado con la venta de departamentos de los hermanos. A pesar de enfrentar deudas iniciales y crisis severas —como la de 2001 y las manifestaciones de Cromañón—, el restaurante prosperó gracias a una clientela fiel y a una gestión que se fue perfeccionando paulatinamente.

“La escuela italiana fue muy valiosa porque te hace ver las cosas desde un lugar mucho más crítico, más objetivo… Aparte de conocer, obviamente, el ADN de la cocina y de todo. Eso es para mí una de las cosas muy importantes porque después uno puede innovar. Si no se conoce la tradición tal cual es en origen, en Argentina; leyendo libros de Italia, es muy difícil después innovar porque quizás transgredís esa tradición y no hay que transgredirla”, reflexionó Claudio.

Así es D’Oro Italian Bar en el corazón de Buenos Aires

La calidad supera las crisis

Hacia 1999, los hermanos vendieron las propiedades que tenían como inversión y apostaron por D’Oro, el actual bar que se encuentra en “la manzana de las luces”. “En esos momentos trabajábamos con los dos restaurantes al mismo tiempo porque quedaban casi uno enfrente del otro y se llenaban los dos. Era una cosa impresionante”, recordó.

Leandro, hijo de Claudio, es uno de los socios de la firma en la actualidad

Los hermanos se habían arriesgado a invertir en la antesala de la debacle económica más significativa que vivió la Argentina y estaban en pleno centro porteño, testigos de las marchas y piquetes constantes. “Pasamos muchas crisis, la del 2001 con Fernando de la Rúa, cuando el centro era todo un bombardeo; las manifestaciones de Cromañón frente a D’Oro durante 1 año, que nos impedían casi poder trabajar, pero los clientes saltaban las vallas y entraban igual, una cosa de locos”.

Desembarco en Miami

En 2012, la firma D’Oro llegó a Miami luego de un año de gestión y búsqueda de inversores. Claudio reconoció que no fue fácil y se encontró con un marco muy distinto al argentino, incluso hasta para alquilar un local. “Lo pude lograr con mucha obstinación, persistencia, perseverancia; a tal punto estaba agotadísimo. Había lugares todavía en ese momento en Miami que no se habían explotado tanto como ahora y sabía que algún día iban a explotar. Luego de 11 meses que no podía más, encontramos una locación en Downtown, que es donde está hoy en día D’Oro. No quería volver con las manos vacías de ninguna manera, aunque me estaba masacrando el nivel de estrés”, relató el empresario.

En 2012 la firma D'Oro se expandió a Miami y aunque ahora la familia no es socia mayoritaria, la identidad todavía se mantiene

El concepto de la firma en los Estados Unidos fue diferente al de Buenos Aires, allí inauguraron un café gourmet donde se ofrecía vino, champagne, entradas, ensaladas, bruschettas muy exóticas y cosas que realmente eran para un café de muy alto nivel. “El estilo del restaurante quedó excelente. Gastábamos bastante dinero, pero optimizamos muchísimo también”, se sinceró Claudio.

En poco tiempo, los hermanos vendieron parte de sus acciones en Miami “porque los inversores no querían seguir expandiéndose hasta no recuperar la inversión”. “Insistieron en que nos quedáramos con un poco de participaciones porque ellos entendían que el concepto era increíble”, indicó el entrevistado.

D’Oro una firma italiana con corazón argentino

En 2017, Norberto se fue a vivir a Europa y Claudio compró la totalidad de las acciones que luego, entre 2021 y 2022, fueron repartidas también entre sus dos hijos: María Florencia y Leandro D’Oro.

La familia D'Oro importa desde Italia los mejores productos para ofrecer platos de calidad en su restaurante

Con esta incorporación, padre e hijos se permitieron reformar D’Oro para transformarlo de un simple negocio a “una empresa hiperorganizada”. Para trabajar la marca en profundidad, el local se dividió en áreas específicas que se analizan y fortalecen mes a mes: Recursos Humanos, Marketing, Ventas, Infraestructura y Administración.

La pasta que se ofrece en D'Oro es importada desde Italia, al igual que parte de su carta de vinos

Como una novedad implementada hace algo más de un año, la marca dejó de ser únicamente un restaurante para convertirse también en importadora de productos italianos bajo el nombre de D’Oro Italian Import.

Quienes tuvieron la oportunidad de visitar Italia alguna vez pueden sentir desde el momento en que se atraviesa la puerta de entrada a D’Oro un aire napolitano —como el origen de la familia—, con las paredes de ladrillo visto, murales y obras de arte que transportan al comensal directamente al país con forma de bota.

Uno de los objetos que destaca en D'Oro Italian Bar es la camiseta que Diego Maradona le entregó firmada a Claudio D'Oro

En el menú figuran muchos platos históricos con su toque de innovación y vinos, tanto argentinos como propios de las villas vesuvianas, toscanas, etc., que dan cuenta de que este es un sitio único en la ciudad de Buenos Aires para reencontrarse con las tradiciones italoargentinas que definen parte de la gastronomía nacional.

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