
Obsesionado con dotar a Bélgica de un imperio ultramarino, Leopoldo II convirtió el Congo en un lucrativo feudo personal con el que amasó una fortuna incalculable empleando métodos de expolio y saqueo tan devastadores como sangrientos

Obsesionado con dotar a Bélgica de un imperio ultramarino, Leopoldo II convirtió el Congo en un lucrativo feudo personal con el que amasó una fortuna incalculable empleando métodos de expolio y saqueo tan devastadores como sangrientos